A galopar

Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Rafael Alberti (1902-1999)

La noche más larga

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Al alba, de Luis Eduardo Aute, es una de esas canciones, junto Al vent de Raimon o L’estaca de Lluis Llach, con las que uno interpreta musicalmente los últimos compases del Franquismo que en 1975 escribía su epílogo en la historia. El mes de septiembre de aquel año fue uno de los más convulsos para el régimen desde que en diciembre de 1973 la banda terrorista ETA asesinara al presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco. Un mes en el que la presión internacional seguía su estela democrática contra la tarea visceral del Franquismo. Un mes en el que sus bases empezaban a agrietarse de fuera hacia dentro, desde el Sahara Occidental hasta El Pardo. Un mes en el que la sociedad española empezaba a despertar de ese letargo en el que se encontraba, adormecida de un cuento que se hizo largo.

A finales de septiembre, el Franquismo dictó sus últimas cinco sentencias de muerte. Unas penas que no se conmutaron a pesar de la extraordinaria presión internacional. La Justicia dictó ser benevolente perdonando la vida a seis detenidos, pero amparándose en su refugio de cumplir lo establecido, llevó a cabo un proceso judicial mediante el procedimiento militar sumarísimo, por la vía rápida, sucia y sin ambajes contra dos miembros de ETA pm: Ángel Otaegi Extebarria, acusado de un atentado en Azpeitia en el que murió un guardia civil, y Juan Paredes Manot Txiki, implicado en un atraco al Banco Santander (operado en el marco de la Fuga de Segovia y, asimismo, de la investigación del SECED de la Operación Lobo), y tres del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP): José Humberto Francisco Baena Alonso, Ramón García Sanz y José Luis Sánchez-Bravo Solla.

A pesar de las peticiones del Papa Pablo VI, quien pedía conmutarlas por penas de cárcel, de las manifestaciones multitudinarias de Roma, Lisboa, París, Estocolmo, Londres o Amsterdam, del Conde de Barcelona, de la Conferencia Episcopal, e incluso del hermano del dictador, Franco está convencido de la necesidad imperiosa de aplicar castigos ejemplares. Los cinco serán fusilados el sábado 27 de septiembre, y esa decisión no será discutida por el Gobierno en la reunión del consejo de ministros del viernes 26.

Ese tránsito del 26 al 27 fue la noche más larga, como cantó Aute. La noche en la que no solo ellos cinco temieron a la madrugada en pos del alba que daba lugar a un día “que viene con hambre atrasada”, a la noche más larga. Escrita pocos días antes de las ejecuciones, vuelca en una letra desgarradora el sentimiento de impotencia de una generación y de la necesidad de una justicia, una libertad y una democracia que los gerifaltes franquistas esquivaban a base de censura y represión.

Antes del amanecer, de la cárcel de Carabanchel salió la comitiva que llevaba a los tres presos del FRAP al campo de tiro de Hoyo de Manzanares. Les acompañaban un médico y un capellán; a lo lejos, un equipo de periodistas perseguía el convoy intentando captar las ejecuciones, algo que no consiguieron. A mitad de camino, se detuvieron en el camino al escuchar el espanto de las salvas a lo lejos. Eran las 9:20. Una hora antes, a las 8:30, en el penal de Burgos, Ángel Otaegui, ha sido fusilado. Cinco minutos más tarde (8:35), Juan Paredes Manot es ejecutado en Barcelona.

El cerrojo del Franquismo

Aunque España se mantuvo como en “una silenciosa danza”, las voces del exterior no cesaron, con multitud de manifestaciones que llegaron a puntos violentos en Lisboa, donde se quemó la embajada española. En las horas posteriores a las ejecuciones, hasta 17 países retirarán de España a sus embajadores (varios de Europa del Este y Canadá, entre otros).

El lunes 29 de septiembre, el presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, convoca un consejo de ministros extraordinario para aparecer después en TVE, donde denuncia la situación de irritada y doliente soledad del Franquismo.

El gobierno español ha actuado hasta aquí, y continuará actuando, asistido por la serena y firme certidumbre de estar cumpliendo sus obligaciones, más irrenunciables sin sentirse intimidado por las dimensiones de una campaña exterior cuidadosamente organizada con centros conocidos de preparación y financiación y, ante la cual, no sabemos qué nos produce más estupor, si la violencia vesánica de los agitadores que la protagonizan en la calle o la culpable irresponsabilidad de las autoridades, de los gobiernos y de los medios informativos que les incitan y les secundan.

El presidente de México, Luis Echeverría, fue un paso más allá que llamar a consultas a su embajador. Denunció la situación en Naciones Unidas y pidió la inmediata expulsión de España del organismo y su aislamiento comercial. “No deseamos estar solos, pero tampoco nos intimada la posibilidad del aislamiento”, amenazaba Arias Navarro en su discurso.

Estamos seguros de que las aguas volverán a sus cauces. Que por debajo de la actuación de unos gobiernos que suicidamente han subordinado indeclinables principios de justicia a la hipocresía y a la complacencia demagógica de minorías revolucionarias y anárquicas, existen sectores responsables europea ante la que aparece nítida la verdad de una España moderna y pacífica.

No obstante, esas declaraciones acaban siendo superfluas saliendo del presidente del Gobierno, quien, jactándose en su juicio, emula al Franquismo que saca los dientes mientras esconde la cola, aunque disimuladamente.

“Ea, ea, ea, Europa se cabrea”

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Manifestación del 1 de octubre de 1975 en la Plaza de Oriente de Madrid. | Archivo RTVE

En mitad de esa tensión tanto interna como externa, el 1 de octubre reúne en la madrileña Plaza de Oriente a la exacerbada sociedad española para plantar cara a esa irritación que dice tener por los ataques intolerables del exterior y la injerencia en los asuntos nacionales, además de para celebrar el 39º aniversario del ascenso de Franco a la Jefatura del Estado, aún en la Guerra Civil. En lo que conoció como un “acto de afirmación patriótica”, rodeada de frases contra Europa, de vivas a Franco, Cara al Sol y el Viva España de Manolo Escobar, la sociedad española asistía a la última aparición pública de Franco antes de su muerte.

Aunque la escena pudiera recordar a los tiempos oscuros del aislacionismo de 1946, como bien recordaba la periodista Victoria Prego, esta no fue sino la instantánea que, encubiértamente, simbolizó el ocaso del régimen. Un Francisco Franco envejecido, con uniforme militar, gafas de sol y muy perjudicado, aparecía en el balcón del palacio junto a su mujer, Carmen Polo, su plana mayor y el gobierno. En segundo plano, un entonces príncipe Juan Carlos y su mujer, Sofía de Grecia.

No es precisamente material, al menos explicado de manera breve, para ser una nueva Anatomía de un instante, pero sirve para reflejar en buena medida el principio del fin de una etapa histórica de España. Su discurso recuperaba la conspiración comunista y masónica contra el pueblo español y exclamaba contra los diablos internacionales que enturbiaban la Arcadia española.

Todo obedece a una conspiración masónica e izquierdista en la clase política, en contubernio con la subversión comunista en lo social, que si a nosotros nos honra, a ellos les envilece. Estas manifestaciones demuestran, por otra parte, que el pueblo español no es un pueblo muerto al que se le pueda engañar. El ser español vuelve hoy a ser una cosa seria en el mundo. ¡Arriba España!

El principio del fin

En línea con los discursos de Franco y Arias Navarro, la gente se lanzó contra la embajada portuguesa en Castellana, arremetiendo físicamente contra ella y simbólicamente contra Europa. Ese mismo día, y a la misma hora en la que Franco aglomeraba a la gente en Oriente, en la calle Agustín de Foxá, en la otra punta de Madrid, un nuevo grupo terrorista hace su entrada en la historia de España asesinando a cuatro policías que custodiaban una sucursal bancaria, los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO).

Octubre de 1975 fue el testamento político de Franco. El régimen apuró cada día, cada hora que tuvo, para preservar la calma ante la gran crisis de ansiedad que explotaría en su seno en noviembre. Aunque, como la historia acabó demostrando, las grietas no consiguieron ser reparadas ni en el tiempo ni en la forma. La actividad opositora, los atentados terroristas y los problemas independentistas del Sahara fueron algunos de los puntos claves de aquel mes en el que el príncipe Juan Carlos ocupó obligado la jefatura del Estado por los problemas de salud de Franco, quien entró a finales de octubre en su fase crítica, falleciendo el 20 de noviembre. Se cerraba una etapa clave de la España contemporánea y se iniciaba otra que dio sus primeros pasos dubitativa de si misma hasta encaminar la Democracia. Pero eso ya es otra historia.

Las arenas del olvido: El Estado Islámico y la destrucción del patrimonio histórico-artístico

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Un reportaje de Jon Burgoa

El Estado Islámico ha copado en los últimos meses las portadas informativas por su brutalidad y sinsentido. En el siglo XXI, ha adaptado aquella frase de César Borgia: “O nosotros o nada”. La nueva cruzada en Iraq y Siria carga a la inversa de las medievales, pero con el mismo fin de acabar con los “infieles”. En el subconsciente quedan grabadas sus ejecuciones y la tragedia humanitaria de los refugiados que huyen a Europa en busca de un futuro mejor. Los que se quedan en Siria e Iraq viven una pesadilla de puertas para dentro que en los últimos quince meses se ha cobrado la vida de más de 3000 civiles, ejecutados por el Estado Islámico, como ha denunciado el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.

Desde junio de 2014, el anterior Estado Islámico de Iraq y del Levante (EI) ha asumido las directrices de Abu Bakr al-Bahdadi, autoproclamado califa, de asentar un territorio por medio de la intimidación, la destrucción, el pillaje y el horror. Su despliegue mediático ha buscado regocijarse en sus actuaciones públicas, especialmente en las ejecuciones múltiples en sitios públicos. Una de las más sonadas tuvo lugar el pasado julio en el teatro romano de la ciudad de Palmira (Siria). Lo poco que aún se mantiene en pie de su pasado se ha visto cercado por el terrorismo yihadista, y ha sido testigo mudo del asesinato de varios soldados del régimen de Al Assad. Un acto que tuvo decenas de testigos invitados por los terroristas para alentar más su terror.

Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1980, Palmira, situada en la región de Homs, ha sido el último objetivo del Estado Islámico en la zona. A finales de agosto, el grupo terrorista difundió las imágenes de la voladura del Templo de Baalshamin, construido en el 17 d. C. y, hasta su destrucción, uno de los mejores conservados del complejo arqueológico. Tras el rápido avance del Estado Islámico, el conjunto de la ciudad antigua de Palmira sigue corriendo el riesgo completo de desaparecer, debido a la colocación de numerosos explosivos que ahondarían más en un daño incalculable.

La destrucción del Estado Islámico ha tenido como focos principales Siria e Iraq: Mesopotamia, cruce de caminos a lo largo de los siglos. Desde el origen de la guerra en Siria, más de 300 enclaves históricos y artísticos han sido dañados o han sucumbido desde el origen de la guerra en Siria y la acción del Estado Islámico. Estas pérdidas, irreparables, han provocado que algunos de esos escenarios pasen hoy en día por irreconocibles. No solo desde un punto de vista geopolítico, económico o social; también cultural, y es que la destrucción de este rico patrimonio histórico solo revierte en que, con el tiempo, desaparezca del recuerdo colectivo y pase a formar parte de las tantas y tantas arenas del olvido.

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La destrucción de los Budas de Bamiyán (Afganistán) fue uno de los ejemplos a comienzos del siglo XXI de la iconoclasia propia de los grupos fundamentalistas islámicos. | mexico.cnn.com

La iconoclasia, origen del problema

La destrucción del patrimonio por el Estado Islámico responde a la premisa de limpieza cultural, de eliminar todo rastro de las antiguas civilizaciones. Muchos de sus combatientes siguen una interpretación “pura” del Islam: el salafismo, que considera idolatría las veneraciones de tumbas y estatuas.

“El Islam no admite imágenes de su profeta Mahoma ni, por lo general, de personas o animales. Para los musulmanes, Alá es incognoscible, no se puede conocer”, asegura Francisco Rivas, escritor y director sectorial del Mundo Islámico y Cuestiones Religiosas de la Asociación de Geopolítica GIN, quien añade que cualquier representación artística “está prohibida por entender que imitan a Dios, que tiene un poder creador”.

Anterior al auge de los terroristas yihadistas, fue conocido la iconoclasia en el caso de la voladura de los Budas de Bamiyán (Afganistán), las monumentales estatuas de Buda esculpidas en el siglo V d. C., las únicas de las que se tiene constancia de ese período con Buda representado de pie, destruidas por los talibanes en 2001. Un punto que conmovió a la sociedad internacional, pero aislado en el tiempo. Sin embargo, es desde mediados de 2014 cuando se han aglutinado los peores registros cuantitativos y cualitativos.

La ‘batalla cultural’ del yihadismo

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Destrucción del Templo de Hussein en Talafar (Iraq). | AP

Nada más renacer con su último nombre, el Estado Islámico empezó a destruir mezquitas y santuarios en Iraq, la mayoría de creencia chií. En esos días, Occidente se enteró por los medios de comunicación de las destrucciones en Talafar del santuario de Saad bin Aqeel Husseiniya, conocido como el Templo de Hussein, en honor al nieto de Mahoma; y la Mezquita de Jawad Husseiniya. Poco después, el EI tomó la ciudad de Mosul y destruyó la Mezquita de Al-Qubba Husseiniya y el mausoleo de Ibn al Azir (1160-1233), filósofo árabe cuyo lugar de reposo era conocido como La tumba de la chica.

Corría la leyenda de que el cuerpo que reposaba en la tumba no era el de Ibn al Azir, sino el de una joven que murió por un mal de amores. “Generaciones de habitantes de Mosul, y de los que han sufrido de la ‘herida del amor’, se han visto reflejados en La tumba de la chica. Ahora, no es sino un enorme agujero”, contaba el periodista indio Praveen Swami en el diario The Hindu en su momento.

Semanas después de estos reportes, llegaron nuevas noticias sobre las destrucción con explosivos de diversos santuarios religiosos cristianos y suníes. El santuario de Imam Awn al-Din Mashhad, construcción del siglo XIII que había sobrevivido a la invasión mongola de Iraq, la iglesia de la Virgen María o las supuestas tumbas de los profetas Jonás y Daniel, así como la de Set, el tercer hijo de Adán y Eva, fueron algunos ejemplos de aquel trágico mes de julio.

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Infografía sobre el patrimonio histórico-artístico en peligro o destruido por el Estado Islámico en Siria e Iraq. | elmundo.es

Las pérdidas no se pudieron contabilizar, a pesar de los intentos de Estados Unidos de investigar las condiciones de amenaza del patrimonio y evaluar una posible restauración. La UNESCO fue más allá, y a finales de 2014 el Comité para la Protección de los Bienes Culturales de la misma condenó los “repetidos y deliberados ataques contra los bienes culturales, especialmente en Siria e Iraq”. Su directora general, Irina Bokova, sentenció en febrero que los destrozos de Mosul eran una “violación” de la resolución 2199 (2015) de las Naciones Unidas y la destrucción de Nimrod y Nínive “un crimen de guerra”. Juan Luis Montero, director del Proyecto Arqueológico Medio Éufrates, resalta que “la destrucción sistemática y organizada de un patrimonio supone no solo un drama universal, también un genocidio cultural en toda regla”.

En los últimos meses de 2014, la difusión mediática de la destrucción del patrimonio menguó en detrimento de la barbarie por las ejecuciones y los nuevos campos de batalla, pero no desapareció del todo. En agosto se dieron las últimas destrucciones reseñables de dos valiosos testimonios de la religión preislámica yazidí: los templos de Tres Hermanas (Bakhdida) y del jeque Mand (Sinyar); y del yarsanismo, el movimiento religioso kurdo: los templos de Mazar Yad Gar y Sayed Hayyas (Hamdaniya).

A comienzos de 2015, los rebeldes kurdos e iraquíes ganaron terreno en el norte de Iraq y en la frontera siria, obligando al Estado Islámico a recluirse en sus feudos. No obstante, cuando se pensaba que estaban en un punto bajo, el Estado Islámico redobló sus esfuerzos y multiplicó los focos de acción con una nueva expansión que dejó ejecuciones de civiles, combates sangrientos en varias ciudades, coches bomba y llamamientos a la “guerra santa”. Junto a ello, la iconoclasia fue también un factor fundamental que dejó irrecuperables Mosul, Nínive, Hatra y Palmira.

Mosul y Nínive: la destrucción asiria

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Voladura de las murallas de Nínive. | repubblica.it

Tras ser conquistada por el Estado Islámico en junio de 2014, Mosul no tuvo tiempo para cicatrizar sus heridas. La ciudad todavía se recuperaba de la guerra de 2003 cuando un nuevo frente obligó a muchísima de su población a huir atemorizada. A pesar de los intentos de la Coalición por recuperarla, Mosul sigue siendo hasta la fecha bastión del Estado Islámico.

Mosul está considerada la heredera directa de la antigua Nínive, antigua capital del imperio asirio (construida en el siglo VII a. C.) cuyos restos se encuentran a escasos kilómetros. En su ADN histórico, Mosul, como Nínive, tiene en su haber ser el centro de grandes batallas por hacerse con ella. Babilonios, medos y escitas fueron los primeros, pero, tras ellos, diversidad de pueblos y contingentes han buscado su control. El último, el Estado Islámico.

A comienzos de 2015, los terroristas amenazaron con destruir las antiquísimas murallas de Nínive, la ciudad que según el libro de Jonás de la Biblia tardaba tres días en recorrerse. Sus murallas, de 12 kilómetros de extensión, fueron rápidamente consideradas como objetivo por “distorsionar el Islam”. Las amenazas no tardaron en cumplirse. A finales de enero, el portavoz del Partido Demócrata del Kurdistán, Saed Mimousine, confirmaba a Iraqi News la destrucción con explosivos de las murallas de Nínive.

“Bombardear los monumentos arqueológicos es una flagrante violación del derecho de la cultura humana, la civilización y el patrimonio”, esgrimía entonces Mimousine, quien instaba a la comunidad internacional a “tomar posiciones” para frenar la destrucción de más monumentos históricos.

No obstante, antes de darse una respuesta internacional llegaron dos nuevas muestras de la destrucción cultural de la que hizo gala el Estado Islámico. Primero fue el incendio de la biblioteca de Mosul, donde se perdieron más de cien mil libros y manuscritos, algunos fechados de la época otomana. Poco después, se destruyó el Museo de la ciudad. Considerado el segundo más grande del país, estaba apunto de reabrir con una reconstrucción que le permitió albergar más de 2.200 piezas arqueológicas, muchas de ellas datadas del imperio asirio y de la dinastía aqueménida (ss. VI a. C.-IV a. C.).

A través de un vídeo difundido por los propios terroristas, el mundo contempló la destrucción de objetos de valor incalculable y con más de 3.000 años de antigüedad. “Si Mahoma lo hizo, para nosotros es fácil, aunque valgan millones de dólares”, decía un terrorista en la grabación. El fanatismo les hizo olvidarse de la historia y de la humanidad para borrar en minutos, con mazas, machetes y radiales, todo vestigio de un pasado que consideran erróneo.

Entre las pérdidas que se documentaron en la grabación, había diversas estatuas con forma humana de origen babilónico, así como una escultura de un león alado, grabado en las excavaciones de Nimrud, y un toro alado de la Puerta de Nergal (siglo IX a. C.), en Nínive. Esta última acabó siendo destrozada con ayuda de una radial. Las pérdidas quedaron un poco, muy poco, aliviadas al saberse que muchas eran copias de originales que se guardaban a buen recaudo en los fondos del Museo de Bagdad.

Aunque réplicas, algunas obras fueron vendidas en el mercado negro, foco de negocio para los yihadistas. Conocedor de estas acciones, Adel Fahd al Sharshab, ministro iraquí de Turismo y Patrimonio, lanzó una llamada de auxilio a la comunidad internacional para intentar recuperarlas y evitar la financiación de los terroristas, sin éxito. “El Estado Islámico se financia con la venta de piezas arqueológicas, pero también de la venta de petróleo, la incautación de armas, los salarios de los funcionarios iraquíes subyugados por los terroristas, la extorsión y los secuestros. Y su poder se robustece ante la ausencia de una resistencia organizada que desde el interior socave su autoridad”, afirma el periodista Francisco Carrión, enviado especial de El Mundo en Egipto.

Hatra: el último misterio parto

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Imagen de Hatra en una foto de archivo. | ABC

Muchas de las piezas que fueron destruidas en el Museo procedían de Hatra (Patrimonio de la Humanidad en 1985), capital del reino de los partos entre 247 a. C y 226 d. C. al sur de Mosul. Con diferencia, uno de los vestigios arqueológico más enigmáticos de Iraq: un punto de oscuros ritos y extraños dioses que, de la noche a la mañana, desapareció sin dejar rastro. Su misterio quedó reflejado al comienzo del filme El exorcista (1973). William Friedkin, su director, consiguió grabar precisamente en Hatra las primeras escenas, donde el padre Merrin descubría una estatua del demonio Pazuzu: viento de las tormentas y portador de muerte.

Pero Pazuzu también representaba la protección contra otros demonios. No obstante, una personificación un tanto mística que no pudo parar a comienzos del pasado marzo a un “demonio” armado con rifles, explosivos y bulldozers dispuesto a destruir monumentos únicos, de incalculable valor y con miles de años. Al Sharshab volvía a recibir un varapalo como ministro de Turismo, aunque ya aceptando el triste final de su propia historia.

Uno de los vídeos difundidos por el Estado Islámico permitió ver a los terroristas desplegarse por la ciudad destruyendo con taladros eléctricos y martillos diversas estatuas, así como adornos de las monumentales fachadas de Hatra al grito de Allahu Akbar. A pesar de la condena internacional, la cruzada cultural yihadista no acabó aquí.

Palmira: el ‘ocaso’ sirio

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Atardecer en la ciudad antigua de Palmira. | WikiCommons

Plinio el Viejo decía que Palmira era famosa “por su ubicación, la riqueza de su suelo y el agua amena”, por sus extensos desiertos y por su independencia de los imperios romano y parto. Aunque incorporada a Roma, la crisis del siglo III d. C. precipitó su independencia como efímero reino que tuvo en la gobernante Zenobia la principal artífice de su esplendor arquitectónico y político, extendiéndose desde Siria a Palestina y Egipto. Poco después, acabaría en un fuego cruzado entre dos mundos y Roma regresaría en el 273 d. C. para quedarse. Zenobia huyó, los resistentes palmirianos fueron ejecutados y gran parte de la ciudad fue destruida como castigo por su osadía contra el Imperio.

Palmira acabó en el olvido durante generaciones, tragada por las arenas hasta hace relativamente poco en el tiempo. Patrimonio de la Humanidad desde 1980, sus restos perennes fueron testigos del paso de miles de turistas, incluidos ilustres como Hester Stanhope o Agatha ChristieLos templos de Baalshamin (17 d. C.) y de Bel (32 d.C.), el valle de las tumbas, formadas por tumbas-torre que acogían más de 400 enterramientos como la tumba de los Tres Hermanos, el anfiteatro romano, el Tetrapylon o la Decumanus, la inmensa avenida flanqueada por columnas, eran algunas de las joyas arquitectónicas supervivientes de su remoto pasado.

A comienzos de mayo, el Estado Islámico se lanzó a por la gran ofensiva siria, que tenía como punto final tomar Damasco. Palmira se encuentra en un área estratégica en la ruta hacia la capital, dominada por vastas regiones de gas natural, claves tanto para el régimen de al Assad como para los yihadistas. El 13 de mayo el EI infiltró en Palmira a combatientes que, desde dentro, lanzaron un ataque contra los soldados oficialistas, que luchaban a su vez contra los terroristas fuera de la ciudad. Las milicias no pudieron entablar dos frentes y acabaron por abandonar a la población a su suerte.

Aunque el régimen sirio intentó reconquistar en julio la ciudad, esta nueva ofensiva no hizo sino ahondar más en la herida y provocar numerosos muertos en los combates callejeros y ejecutados por los terroristas. En esa lucha, el Estado Islámico atrapó a una veintena de soldados, que fueron ametrallados en el anfiteatro romano de Palmira, un acto vil y cruel perpetrado por niños y que contó con espectadores en una forma de los yihadistas de ahondar en su terrible historia negra. A finales de agosto se supo que los terroristas habían asesinado a sangre fría a Khaled al Assad, de 82 años, uno de las máximas autoridades sirias en arqueología que siempre veló por evitar la destrucción del patrimonio de la ciudad en la que nació y a la que dedicó investigar toda su vida.

Detalle de uno de los relieves de Palmira. / elmundo.es
Detalle de un relieve de Palmira, previo a la entrada del EI. | elmundo.es

Rendidos a recuperar las posiciones perdidas, los efectivos del régimen iniciaron la evacuación de las obras que pudieron de la ciudad antigua para evitar su destrucción. Aunque medida prudente, no surtió el efecto esperado, pues el Estado Islámico sembró en los meses de julio y agosto de explosivos el circuito arqueológico con vistas a demolerlo. Como si de una partida de dominó se tratase, una a una, las piezas de Palmira empezaron a caer. Los templos de Bel y Baalshamin, las columnas de la Decumanus o las torres funerarias sucumbieron entre gritos y oras al Dios que “invocó” su destrucción, levantando el polvo de siglos de historia.

La grave situación en Siria e Iraq no mengua. Añadido al conflicto social y político, la batalla cultural se extiende por el territorio con un manto de horror e iconoclasia que no solo afecta a Palmira, también a los más de diez mil sitios arqueológicos del país. Aunque más de 30.000 piezas (16.000 de ellas, tabletas grabadas de 4.000 años de antigüedad) fueron salvadas de los yihadistas, el futuro de las ciudades no está tan asegurado. La antigua urbe de la reina Zenobia puede sucumbir, quizá no en un período breve, pero sí a medio plazo, como anteriormente les ha pasado a sus vecinas Nínive, Nimrod o Hatra. De no frenarse la sangría visceral contra la Historia y su patrimonio histórico-artístico, es más que probable que el legado de toda una civilización quede borrado de sus recuerdos, y pase a incorporarse, como tantos otros, a las arenas del olvido.

Los premios García Campoy reconocen el compromiso del periodismo científico

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Los premios de periodismo Concha García Campoy han celebrado hoy su primera edición para reconocer el compromiso y la labor informativa del periodismo científico, en una gala marcada por el recuerdo a la periodista que da nombre a los premios y la que se ha definido como una “mujer de altura”.

El acto, que se ha celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, ha reunido a diversas personalidades de la política, la cultura, la investigación y el mundo del periodismo.

“Algo tenía Concha para convencer a oyentes e invitados, desde el presidente del Gobierno al último mono. Estos premios reconocen la excelencia, el rigor, la ética y el compromiso, características que la retrataban”, ha recordado un emocionado Luis del Olmo al presentar el premio radiofónico para América Valenzuela.

El galardón, que ha sido creado por la Academia de Televisión, ha reconocido la “excelencia” en trayectorias o trabajos relacionados con la investigación, la divulgación científica o la salud en los diversos campos del periodismo (televisión, radio, prensa escrita y digital).

La gala ha servido asimismo para ofrecer un cariñoso homenaje a la periodista fallecida en 2013.

El periodista Pablo Jáuregui, ganador del premio en prensa escrita, ha alabado el galardón como pionero a la hora de reconocer el periodismo científico, algo que “hacía falta” para que la ciencia dejara de ser “friki, periférica y minoritaria”, ha dicho.

Ainhoa Goñi, responsable del departamento de comunicación del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ganador del premio a la trayectoria, ha celebrado el galardón “con mucho orgullo” y ha pedido “un apoyo constante” para esta especialidad periodística.

Por su parte, el director de cine David Trueba ha puesto la nota cariñosa al recordar cómo estaba “enamorado” de García Campoy en sus comienzos radiofónicos.

“Concha era una persona ecuánime, una periodista ejemplar, capaz de que todos se sintieran a gusto; hoy tiene sus premios, pero, sinceramente, Concha fue el premio, un premio para quienes la trataron”, ha concluido.

Madrid abrirá 120 edificios al público para celebrar el festival Open House

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Madrid acogerá por primera vez el festival arquitectónico internacional Open House los próximos 26 y 27 de septiembre, un evento que busca que la gente se acerque a la arquitectura y conozcan 120 edificios y espacios madrileños entre los que están la plaza de toros de Las Ventas o el Teatro Real.

Estos recintos, así como el Banco de España, la Residencia de Estudiantes, la Tabacalera, el palacio de Liria, el Centro Cultural Conde Duque o la estación “fantasma” de Chamberí son algunos de los espacios urbanos que se podrán visitar ese fin de semana de manera gratuita.

“Hay que conseguir que la gente salga a la calle y disfrute de su ciudad”, ha dicho en la presentación del festival Victoria Thornton, creadora del primer Open House (Londres, 1992), quien ha defendido el carácter gratuito del mismo para “no excluir a nadie”.

Por su parte, la codirectora de la presente edición, Paloma Gómez, se ha mostrado ilusionada con el reto de que Madrid acoja un evento de estas características que busca “acercar la arquitectura y que la gente se interese por la ella” y espera que “sea un referente”.

Madrid es la segunda ciudad española en integrarse en el proyecto después de Barcelona, que se estrenó en 2010 y que ha contado en las últimas ediciones con más de 50.000 visitantes.

Aunque la mayoría de los edificios contarán con entrada gratuita, algunos de ellos, como el Hotel Puerta de América o el Ático Planta 32 de Torre Madrid, por sus características, necesitarán de una inscripción previa “para evitar largas colas en la calle” que se abrirá mañana, según ha confirmado Paloma Gómez.

La organización de Open House Madrid desarrollará talleres, mesas redondas y multitud de visitas, que contarán con la ayuda de más de 400 voluntarios, la mayoría estudiantes de Arquitectura y Turismo, que acompañarán a los grupos en sus visitas.

Asimismo, se realizarán diversos concursos de fotografía, el congreso “El futuro de las ciudades”, la ponencia “Madrid, ciudad abierta” y el circuito de estudios Open House Office by Figueras.

La Universidad Camilo José Cela también se inscribe en el proyecto con rutas organizadas en la que se podrá visitar la Ecópolis Plaza, los miradores de Madrid, el parque de El Capricho o Madrid Río, guiados y comentados por arquitectos y profesores.

La presentación ha tenido lugar en la Fundación Francisco Giner de los Ríos, creador y profesor de la antigua Institución Libre de Enseñanza (ILE), fundada en 1876 e inspirada en la filosofía krausista que tuvo una notable repercusión en la vida intelectual del momento.

Por sus aulas pasaron literatos y oradores de la España de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX: Joaquín Costa, Fernández de los Ríos, Leopoldo Alas “Clarín”, Julián Besteiro, los hermanos Antonio y Manuel Machado, Gregorio Marañón, Ortega y Gasset o Juan Ramón Jiménez, entre otros.

El festival Open House se celebra este año en más de 30 ciudades alrededor de todo el mundo, como Roma, Oslo, Atenas, Praga, Barcelona, Nueva York, Tel Aviv o Melbourne.

Herzog: La campaña de desgaste contra Rosa Díez ha perjudicado la marca UPyD

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El nuevo portavoz de UPyD, Andrés Herzog, elegido el pasado 11 de julio, ha dicho hoy que la campaña de desgaste contra su predecesora en el cargo, Rosa Díez, ha perjudicado la “marca” del partido, impidiendo que sea una alternativa.

Herzog, en una entrevista en Onda Cero, ha afirmado que a UPyD no se le ha valorado “suficientemente” cuando por el trabajo que ha realizado “merecía más”, aunque ha reconocido que el partido no ha sabido conectar bien.

Sobre las negociaciones de UPyD con Ciudadanos, que él mismo dirigió el año pasado para buscar un acercamiento que resultó imposible, ha admitido que aún hay gente dentro que apuesta por esa unión.

Pero ha recalcado que la votación del sábado en el congreso extraordinario dio la alternativa a su candidatura, que rechaza cualquier coalición electoral, aunque el resultado fue muy ajustado y su proyecto sólo superó en tres puntos al que lideraba Irene Lozano.

Amaiur ve la ikurriña en Pamplona como un “ejercicio positivo de convivencia”

Xabier Mikel Errekondo

El diputado de Amaiur Xabier Mikel Errekondo ha dicho hoy que la izada de la ikurriña en el Ayuntamiento de Pamplona coincidiendo con el inicio de las fiestas de los Sanfermines es un ejercicio “positivo para la convivencia y la diversidad de toda la ciudadanía”.

“Tenemos muy claro que es el fin del sectarismo que se ha aplicado hasta estos días. Es la primera vez en que toda la ciudadanía de Pamplona se siente identificada con su Ayuntamiento”, ha afirmado antes de asistir a la Junta de Portavoces del Congreso.

Por su parte, el portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, ha subrayado que la polémica en torno a la cuestión “parece estar en los medios”, y ha añadido que las celebraciones en la jornada de ayer por el chupinazo se desarrollaron sin “ningún incidente”.

Esteban también ha dicho que el sentimiento de los navarros es “muy diverso” y que no busca animar una polémica con la que otros políticos “se sienten muy a gusto”, en referencia al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, quien, a su juicio, se olvida de que Navarra tiene problemas “mucho más profundos”.